LA AMAZONA

AZUL, BLANCO, ROJO… (PLAYA DE CACALUTA; HUATULCO;OAXACA; MÉXICO)

MÉXICO. En el agua, se siente renacer. Flota, ligera, mecida en la liviandad. La gravedad desaparece. Su cuerpo se deja llevar, liberado del peso. Sus sentidos empiezan a despertar: respira distendidamente el aire marino y lame el agua salada sobre sus labios. Le gusta el mar porque sabe igual que sus lágrimas. Sumida en la inmensidad, su pena parece infinitamente pequeña. Ahora puede centrar toda su atención en su ombligo, su nariz, su boca, que de repente son solo uno, como toda ella: una sola. Con el oído derecho tapado, entorna un ojo mirando su mano izquierda, el esmalte rojo fuego… No, su feminidad no la ha abandonado; rebosa de ella hasta en la punta de los dedos.

Curiosamente, siempre ha necesitado artificios para verse “mujer”: esmalte de uñas en manos y pies, máscara “volumen glamour”, pintalabios discreto, pendientes a juego con la ropa… Con su porte altivo, encarna a la perfección el mito de la mujer francesa: la elegancia cuidada en cualquier circunstancia.
Pero la confianza en sí no es el rasgo de carácter que mejor la define… Duda constantemente de ella misma, de sus capacidades y de su criterio. Ese pesimismo innato la impele, una y otra vez, a redoblar sus esfuerzos y su aplicación en todo lo que emprende: trabajo, cocina, educación de los niños, costura, etc. ¿Acaso esa actitud no la hace más entrañable? Su seriedad impregna incluso su humor socarrón, tan habitual en ella. Una feminista de su estilo —qué duda cabe— precisa de un mínimo de ironía en un país tan machista como México. Si de ella dependiera, instauraría una sociedad matriarcal. Nunca ha creído en medias naranjas, en niditos de amor ni en parejas de tortolitos. ¿Por qué habría que concebir la existencia en dúo? Ya vamos sobrados de pares: ojos, orejas, brazos, manos, nalgas, piernas, pies…
Sin embargo, hace unos meses que sufre porque ha perdido su simetría. Desestabilizada, lucha a diario para recuperar su equilibrio. Todo ocurrió con tanta brutalidad y tanta violencia, como una puñalada en pleno corazón. Los médicos no le dieron tregua: sin miramientos, le asestaron directamente la palabra “cáncer”. Ella sabía que no hablaban de astrología sino del mal que anidaba en su seno. Ahora, como una gallarda amazona, intenta seguir cabalgando. Guerrera desarmada e intrépida, galopa al encuentro del mal, sin arco, caballo ni melena al viento. Hasta el final… ¡Hasta la victoria!

FRED DETTWILER

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